1. Esperar demasiado para reservar la mudanza
Uno de los clásicos del verano.
La familia sabe desde mayo que quiere mudarse en agosto, pero pasan las semanas entre viajes, trabajo, niños y vacaciones.
Hasta que llega una llamada:
«¿Tendríais un hueco para este viernes?»
El problema es que julio y agosto concentran una parte importante de la actividad del sector. Las fechas más demandadas pueden quedar reservadas con bastante antelación.
La lección: si tienes una fecha concreta, reservar la mudanza con tiempo da mucha más tranquilidad y margen para reaccionar ante cualquier imprevisto.
2. Pensar que las vacaciones significan que «hay tiempo de sobra»
Es probablemente uno de los errores más habituales.
Como los niños no tienen colegio y hay unos días libres en el calendario, parece que todo será más sencillo.
Pero las vacaciones también están llenas de compromisos:
- Viajes.
- Visitas familiares.
- Campamentos.
- Excursiones.
- Segunda residencia.
- Fines de semana fuera.
Y de repente quedan tres días para embalar una vivienda completa.
Tener vacaciones no significa necesariamente tener tiempo disponible.
3. Dejar el embalaje para los últimos días
«Ya iremos metiendo cosas poco a poco.»
Hasta que llega la semana de la mudanza y todavía quedan libros, cocina, armarios, juguetes, trastero y ese cajón que nadie quiere abrir.
Embalar requiere mucho más tiempo del que parece, especialmente cuando aparecen objetos que no se utilizan desde hace años y que, misteriosamente, ahora parecen imprescindibles.
Una buena organización consiste en comenzar por aquello que menos se utiliza y dejar para el final los objetos de uso diario.
4. No tener en cuenta el calor
Una mudanza en agosto no es exactamente igual que una mudanza en noviembre.
Las altas temperaturas afectan tanto a las personas como a determinados objetos.
Durante el verano es especialmente importante:
- Mantener una buena hidratación.
- Evitar las horas de mayor calor cuando sea posible.
- Proteger determinados objetos de la exposición prolongada al sol.
- Prestar atención a equipos electrónicos y materiales sensibles.
El calor no hace que un mueble pese más.
Pero desde luego hace que parezca que pesa el doble.
5. Intentar hacerlo todo con el coche familiar
Una de las grandes tentaciones es pensar:
«Nos ahorramos la mudanza y hacemos varios viajes.»
El primer viaje parece sencillo.
El segundo ya no tanto.
Para el quinto, alguien empieza a preguntarse por qué no se contrató un camión desde el principio.
Cuando hay muebles, electrodomésticos o un volumen considerable de cajas, hacer múltiples desplazamientos puede acabar suponiendo más tiempo, esfuerzo y combustible del previsto.
Una mudanza profesional permite concentrar buena parte del traslado en una operación organizada.
6. No medir los muebles antes de la mudanza
Hay una frase que los profesionales conocen muy bien:
«En la otra casa entraba.»
El problema es que cada vivienda tiene sus propias escaleras, puertas, ascensores, rellanos y accesos.
Un sofá puede caber perfectamente en el salón y, sin embargo, convertirse en protagonista absoluto cuando llega al ascensor.
Por eso es importante valorar previamente los accesos y las dimensiones de los muebles más voluminosos.
El metro es mucho más barato que una improvisación.
7. No avisar de las dificultades de acceso
Una calle estrecha.
Un edificio sin ascensor.
Una vivienda en una zona peatonal.
Un portal con restricciones de acceso.
Un camión que no puede estacionar justo delante.
Son detalles que pueden cambiar completamente la planificación.
Cuanta más información tenga la empresa antes del traslado, mejor podrá organizar los medios necesarios y anticiparse a las dificultades.
8. Aprovechar la mudanza para llevar absolutamente todo
Las vacaciones pueden despertar una curiosa sensación de optimismo:
«Esto seguro que algún día lo necesitaremos.»
Y así aparecen en el camión:
- Tres lámparas que llevan años guardadas.
- Una bicicleta que nadie utiliza.
- Una colección de revistas.
- Muebles que ya no encajan.
- Cajas que llevan sin abrir desde la última mudanza.
Una mudanza también puede ser una oportunidad para decidir qué merece realmente viajar a la nueva vivienda.
No todo lo que tenemos tiene que seguirnos a todas partes.
9. Olvidarse de las plantas, mascotas y objetos especiales
Durante una mudanza hay pertenencias que requieren una planificación diferente.
Plantas, acuarios, mascotas, instrumentos musicales, obras de arte o determinados equipos electrónicos no deberían tratarse como una caja más.
Especialmente en verano, algunos de estos elementos necesitan atención adicional por las temperaturas y los tiempos de transporte.
Identificarlos con antelación permite estudiar cuál es la mejor manera de trasladarlos.
10. Pensar que la mudanza termina cuando llega el camión
Otro error muy común es considerar que el trabajo termina cuando todas las cajas están dentro de la nueva vivienda.
Pero todavía queda:
- Colocar mobiliario.
- Montar determinados elementos.
- Organizar las habitaciones.
- Identificar cajas.
- Retirar materiales de embalaje.
Por eso resulta muy útil decidir previamente qué habitaciones deben quedar operativas primero.
No es lo mismo abrir una caja de libros que necesitar urgentemente la que contiene las sábanas.
El error más importante: improvisar
Después de cientos de mudanzas, probablemente esta sea una de las conclusiones más claras que puede extraerse.
Los problemas rara vez aparecen porque algo sea imposible.
Aparecen porque algo que parecía sencillo no se había previsto.
Una fecha demasiado ajustada, un acceso complicado, un mueble que no pasa por la puerta, una vivienda que todavía no está preparada o unas cajas que no están listas pueden transformar un traslado perfectamente normal en una carrera contrarreloj.
La experiencia de una empresa de mudanzas consiste precisamente en reconocer esas situaciones antes de que ocurran.
Una mudanza también necesita vacaciones
Mudarse durante el verano puede ser una excelente opción. Hay más flexibilidad, los niños no tienen colegio y muchas familias pueden organizar el cambio antes de comenzar una nueva etapa en septiembre.
Pero la mejor forma de aprovechar esas ventajas es no convertir las vacaciones en una carrera de obstáculos.
Planificar con tiempo, comunicar las características de las viviendas, preparar adecuadamente las pertenencias y contar con profesionales cuando el volumen o la complejidad lo requieren permite que el día de la mudanza sea mucho más sencillo.
Porque después de todo el trabajo, también hay una última tarea importante:
disfrutar del verano y llegar al nuevo hogar con ganas de estrenarlo.